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miércoles, 15 de mayo de 2013

Los 39 escalones y haddock ahumado



          Si El hombre que sabía demasiado fue el mayor éxito de la fase inglesa de Alfred Hitchcock, “Los 39 escalones(The 39 steps, 1935) fue considerado el más hitchcockiano de ese período. En esa película encontramos al hombre acusado injustamente por un crimen que no cometió, espionaje, caos en el lugar inesperado, la rubia, la pareja esposada, corridas, trenes y obviamente, MacGuffin (cuyo significado explicamos en la entrega anterior).





          La película cuenta la historia de Richard Hannay, quien una noche en que se encuentra en el London Music Hall Theatre asistiendo una demostración de poderes de Mr. Memory, oye disparos de arma de fuego.





          En la confusión conoce a la, aparentemente asustada, Annabella Smith. El la lleva a su departamento hasta que le pase el susto.




En su casa, ella dice que tiene hambre, y él le ofrece lo único que hay: haddock, pan y manteca. Saca el pescado fresco de la heladera y lo prepara.

El pez puede representar, simbólicamente en algunas culturas, a la muerte, dado que está asociado a las profundidades del mar y sus misterios.

En ese momento Annabella le confiesa que es una espia y que está siendo perseguida por asesinos ya que descubrió el plan de un robo de secretos militares ingleses por parte de un hombre que tiene el faltante de una articulación de los dedos en una mano. Menciona también a los “39 escalones”.





         Mientras Hannay duerme, Annabella entra a su cuarto con un puñal clavado en sus espaldas, pidiéndole, en el último suspiro, que huya. En sus manos Hannay encuentra un mapa de Escocia con una ciudad señalada. 




          Con la acusación de ser el asesino de Annabella, Hannay parte para Escocia a fin de descubrir el misterio y probar su inocencia.




          En el tren logra escaparse de la policía ingresando a un camarote y besando a la desconocida y atractiva Pamela, que pasa a colaborar con él.

          Hannay pasará por varias situaciones complicadas con la policía, con asesinos, con Pamela, con el jefe de los espías, es confundido con un conferencista, se oculta en el Ejército de Salvación, salta de una ventana, etc. Es la llamada “celeridad de transiciones”. Hitchcock adoraba esa velocidad narrativa, ya que, para él, acompañar las aventuras de una víctima inocente en ese ritmo deja las emociones del espectador a flor de piel. Y eso lo sabía hacer muy bien.



Haddock ahumado com salsa de crema de leche y ciboulette *

Smoked haddock with creme fraiche , chive and butter sauce




Ingredientes

350g de abadejo ahumado
150ml de leche
2 cucharas (sopa) de crema de leche fresca
10g de manteca
1 cuchara (sopa) de ciboulette fresca picada
pimienta negra

Preparación

Coloque el pescado en una sartén, condimente con pimienta. Agregue la leche. Hierva en fuego bajo sin tapar por unos 8 minutos.
Remueva cuidadosamente el pescado de la sartén. Con el fuego fuerte coloque la crema de leche y deje hervir por unos 2 o 3 minutos hasta tomar cuerpo. Incorpore la manteca, vuelva a colocar el pescado y esparza la cebolla.


* El haddock en español se denomina “eglefino”. Ya que suele resultar bastante difícil conseguirlo, se sugiere reemplazarlo por el abadejo.




















miércoles, 8 de mayo de 2013

El hombre que sabía demasiado y albóndigas



        Con “El hombre que sabía demasiado” (The man who knew too much, 1934) la carrera de Alfred Hitchcock comenzó a avanzar y quedó muy próxima a la que sería su etapa americana. Esta es la primera película que realizó para la Gaumont British Pictures, estudio éste que le dio mayor libertad para trabajar.

        El film está repleto de temas hitchcockianos: chantaje, caos en lugares públicos, locación icónica, ineficacia de las autoridades, hombre y mujer corriendo, espionaje, asesinato y la tradicional discusión acerca del crimen alrededor de la mesa a la hora de la cena. 




      Cuenta la historia de Bob y Jill Lawrence, un matrimonio británico que junto a su hija adolescente, Betty, se encuentran de vacaciones en Saint Moritz, Suiza. En el hotel hacen amistad con el extranjero Louis Bernard.          






Por la noche, bailando con Jill, Bernard es asesinado. Antes de morir alcanza a dar un mensaje a su compañera de baile para que sea entregado al cónsul británico.                       

 



Los asesinos, para garantizar el silencio de los Lawrence en cuanto a la información que ahora poseen, secuestran a su hija.
Impedidos de hablar con la policía, y temiendo lo peor para Betty, ellos deciden seguir las pistas en solitario y salvar a su hija. Logran descubrir al secuestrador y se enteran de que el grupo pretende asesinar a un jefe de estado de un país no identificado durante un concierto en el Royal Albert Hall de Londres.     






Antes del atentado, los bandidos están discutiendo los detalles del plan mientras cenan tranquilamente. Y la comida aquí tiene la función de llevar a los asesinos al campo doméstico, hacia aquello que nos es común, conocido y humanizador. Y por esa misma razón, más asustador.






   Jill asiste al espectáculo y distrae al francotirador con un grito.




       El hombre que sabía demasiado, además de ser un auténtico suspenso, presenta por primera vez al MacGuffin. Un MacGuffin es un objeto que no tiene la menor importancia para el público, pero que resulta imprescindible para el personaje de la trama. Lo que el MacGuffin es raramente importa, lo que si importa es lo que los personajes están dispuestos a hacer para obtenerlo. En todos los casos, ese ítem de información podría ser fácilmente substituido por otra cosa sin consecuencias adversas para la trama.
Hitchcock fue el “padre” del MacGuffin, y su nombre deviene de una historia que él mismo contaba, en la que dos hombres dialogan: “Qué es ese paquete que usted colocó en el porta-equipaje?” El otro: “Ah, eso! Es un MacGuffin”. El primero: “Y qué es un MacGuffin?” El otro: “Bueno, es un aparato para atrapar leones en las montañas Adirondak”. El primero: “Pero no hay leones en Adirondak”. El otro concluye: “En ese caso, no se trata de un MacGuffin”.

      El hombre que sabía demasiado fue el mayor éxito inglés de Alfred Hitchcock, de tal manera que cuando pasó a Hollywood debió hacer una remake en 1956 con el mismo título. Según el director, la primera versión “fue hecha por un amateur de talento, mientras que la segunda fue hecha por un profesional”. Pero de esta última hablaremos más adelante.


“Faggots”  (nuestras albóndigas) *

 





Ingredientes

50g de manteca
2 cebollas grandes picadas
1 1/2 cuchara de sopa de hojas de tomillo picadas
8 hojas de salvia picadas
450g de carne picada de cerdo
150g de tocino picado
sal y pimienta a gusto
100g de pan rallado
100ml de leche
fetas finas de tocino para enrollar
1 cuchara de sopa de harina de trigo
350ml de caldo de carne
150ml cerveza negra


Preparación
Derrita en una olla 30g de manteca y saltee junto con mitad de una cebolla, el tomillo y la salvia. Agregue a la mezcla de la carne y el tocino picados. Adicione la leche, el pan rallado y salpimiente. Haga bollitos de albóndigas y enrolle cada una de ellas en una feta de tocino, prendiendo con un escarbadientes.
Coloque el resto de la manteca en una sartén y cocine las albóndigas, dorándolas de todos lados. Reserve en un recipiente.

Con la grasa que quedó en la sartén fría el resto de la cebolla, agregue la harina de trigo y mezcle bien. Retire del fuego y agregue de a poco mitad del caldo de carne, siempre revolviendo para que no se hagan grumos. Adicione el resto del caldo y la cerveza.

Coloque nuevamente las albóndigas en la sartén, tape y cocine por aproximadamente 1 hora, retirando la tapa en los 15 minutos finales.

Sirva con puré de papas y arvejas frescas.


* Es una receta tradicional de la gastronomía inglesa, que se está perdiendo y hoy solo se encuentra en unos pocos pubs que tratan de rescatan los sabores de una época.
Si bien este plato no está presente en la película, representa un clásico del cine inglés que también terminó siendo olvidado debido a su versión norteamericana más moderna.
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miércoles, 1 de mayo de 2013

Viena, valses y “croissant”



        Valses de Viena (Waltzes from Vienna, 1934) fue realizada en un momento, tal como se sostuvo en los posts anteriores, en que la carrera de Hitchcock se encontraba en baja. Él mismo considera esa película como una de las peores que dirigió. Hoy prácticamente olvidada, ni siquiera consta en algunas listas de su cinematografía.
Trátase de un musical, pero en que la música funciona como un telón de fondo permanente para la narrativa.





        La historia se refiere al compositor Johann Strauss, su novia Rasi y su más conocida composición, el Danubio Azul.




        Strauss está en su juventud, con su padre actuando como regente de la orquesta de Viena, y con el sueño de transformarse en un gran nombre de la música.





A Rasi, su novia, esto no le importa. Lo que ella quiere es vivir al lado de su amor y, para ello, espera que se haga cargo de los negocios de la familia, una respetable confitería y panadería de Viena.




        Y justamente en la panadería vamos a encontrarnos con el humor hitchcockiano: allí Strauss compone su famosa melodía observando el ritmo de los empleados batiendo la masa y armando los panes.






Hitchcock siempre tuvo la preocupación de adecuar las locaciones con el lugar en donde transcurre la historia. Viena es reconocida por su pastelería y por ser la cuna de uno de los panecillos más famosos del mundo, el “croissant”. La leyenda de esa confitura cuenta que alrededor de 1683 el Imperio Otomano, en su intento de aumentar las posesiones en Europa, intentó invadir Viena en la noche mientras todos dormían, pero los panaderos impidieron dado que a esa hora ya se encontraban produciendo los panes que debían vender muy temprano. Para celebrar ese acontecimiento, los panaderos crearon una confitura en forma de media luna, el “croissant”, símbolo presente en la bandera turca. Esto fue llevado cerca de 1770 a Francia por María Antonieta, austríaca de nacimiento.






            Por fin, Strauss consigue todo lo que había soñado.

Valses de Viena puede no ser una gran película del maestro, pero todo eso va a cambiar, ya que marca el final de la fase menor de Hitchcock.


Croissant  (nuestra popular medialuna)




Ingredientes

4g de levadura seca
45ml de água tibia
1 colher (chá) de açúcar
2 tazas de harina de trigo
2 cucharas (te) de azucar
1 cuchara (te) de sal
½ taza de leche
115g de manteca sin sal, fría
1 huevo para pintar


Preparación

Mezcle el agua tibia, el azúcar y la levadura en una vasija pequeña y deje descansar unos 5 minutos hasta que quede espumosa. Reserve.
Entibie la leche y disuelva en ella la sal y el resto del azúcar.

En un bol coloque 1 taza de harina y agregue la mezcla de la levadura y la leche reservados. Mezcle hasta integrar bien. Agregue más harina de a poco hasta que quede bien espesa.

Espolvoree harina en la mesa y despeje la masa. Trabaje la masa, estirando hasta que no se pegue más en las manos. El resultado debe ser una masa firme y elástica.

Coloque la masa en un bol untado con un poco de aceite y gírela en su alrededor para que se unte bien. Cubra con un plástico y deje en temperatura ambiente hasta triplicar su volumen.

Espolvoree la mesa con harina y coloque la masa descansada. Ábrala con un rodillo, formando un rectángulo de unos 20 x 30 cm.
Vuelque la manteca fría ocupando unos 2/3 de la masa abierta. Doble la masa cubriendo la manteca y lleve a la heladera por 20 minutos.

Abra la masa con el rodillo y dóblela en cuatro nuevamente. Lleve a la heladera por 20 minutos. Repita la operación otras dos veces.

Abra la masa en un espesor de 0,5 cm y corte en triángulos. Enrolle como una media luna, coloque en una fuente untada. Cubra con film plástico y deje descansar en temperatura ambiente hasta duplicar su volumen. Pinte con el huevo batido.

Hornee en un horno precalentado (220º C) por unos 20 minutos o hasta dorar.

* Puede usarse batidora apropiada para panes.